El refugio de las letras.
QUINTA CARTA: EL SECRETO DE LA FANTASÍA.
Asunto: ¿Por qué nos siguen gustando los protagonistas que no aguantaríamos en la vida real?
Querida lectora,
Hoy quiero hablarte de un pequeño gran secreto que compartimos quienes amamos la novela romántica. O, por lo menos, una gran mayoría.
Hoy en día, por suerte, las mujeres somos más independientes que nunca. Trabajamos, decidimos nuestro destino, gestionamos nuestras vidas y, seamos sinceras, en el día a día no aguantaríamos que un hombre intentara controlarnos o decidir por nosotras. Exigimos igualdad, y con toda la razón del mundo.
Y sin embargo… abrimos una novela y nos descubrimos suspirando por un protagonista superprotector, millonario, arrebatadoramente guapo y claramente dominante. Ese hombre que lo controla todo, que mueve cielo y tierra por la protagonista y que se muestra implacable ante el mundo.
¿Es una contradicción? A primera vista, sí. Pero si miramos más de cerca, la respuesta es hermosa.
En la vida real, ser una mujer independiente cansa. Tomar decisiones a todas horas, ser fuertes frente a las adversidades, sostener el mundo sobre nuestros hombros es agotador. Por eso, cuando nos sumergimos en la lectura, ese protagonista Alpha, protector y poderoso, no representa una amenaza a nuestra libertad, sino un descanso.
En la ficción, su dominio no busca anularnos; su control se convierte en un escudo. Nos atrae la fantasía de que alguien tan poderoso sea capaz de rendirse por completo ante nosotras, de que use todo su poder no para someternos, sino para cuidarnos y darnos un refugio seguro, donde por unas horas, no tenemos que ser las fuertes.
La literatura es el único lugar donde podemos jugar con el fuego de la intensidad y el control sin quemarnos, porque sabemos que, al pasar la página, nosotras seguimos teniendo el mando de nuestras vidas.
No queremos un hombre dominante en el salón de nuestra casa… pero nos encanta invitarlo a nuestra imaginación.
¿A ti también te pasa? ¿Cuál es tu debilidad en la ficción que jamás permitirías en la realidad?
Con amor y tinta,
Ada White

