El refugio de las letras.
CARTA N.º 9: LA RENUNCIA CONSCIENTE Y SIN CULPA.
Asunto: Aprender a decir «no»
Querida lectora,
Soy consciente de que he andado un tanto perdida últimamente. Y no es porque no tenga nada que contar sino porque tendría que estirar las horas al día para llegar a todo. De eso quiero hablarte hoy.
Porque existe una trampa oculta cuando creemos que planificamos nuestra organización personal. La idea de que, si ajustamos la agenda con suficiente precisión o encontramos la aplicación definitiva de productividad, podremos con todo. Trabajo, familia, compromisos sociales adquiridos y esta vocación tozuda de la escritura. Todo a la vez, todo perfecto y sin despeinarnos.
¡Mec! ¡Errorrr…!
La realidad, cuando la miramos de frente y sin adornos, es bastante más terrenal. Porque no, no se puede llegar a todo. Al menos no al mismo tiempo, ni con la misma intensidad y dedicación.
Pretender sostener cuatro, cinco o más frentes abiertos, con el listón al máximo no conduce a una vida plena, sino a una permanente sensación de insuficiencia. A estar cenando en familia pensando en las tareas pendientes de la asociación, o a estar escribiendo con la carcoma de no haber respondido a tres correos en el trabajo.
El verdadero aprendizaje no es descubrir cómo estirar las veinticuatro horas del día, sino aprender a renunciar con lucidez y, sobre todo, sin culpa.
Elegir la escritura, la familia y el compromiso social en el tiempo libre significa, necesariamente, dejar caer otras cosas. Significa aceptar que la casa no siempre estará perfectamente recogida, que habrá lecturas o planes que se quedarán fuera y que el ritmo de producción en el papel será, inevitablemente, más lento del que nos gustaría.
Entender la vida por épocas o por mareas ayuda a quitarnos ese peso de encima.
En mi caso hay semanas donde la asociación exige un esfuerzo extra y la escritura se reduce a tomar notas sueltas en la libreta. Hay momentos donde la familia reclama presencia absoluta y el borrador de la novela descansa en su carpeta. Y no pasa nada. No lo considero un fracaso ni una falta de disciplina; es simplemente mi vida abriéndose paso.
Decir «no» a ciertas exigencias es la única forma de garantizar un «sí» sincero a lo que de verdad nos sostiene. Al final, no se trata de hacer de todo, sino de asegurarnos de que aquello a lo que decidimos dedicarle nuestras horas valga la pena y que merezca el descanso que dejamos por el camino.
Y tú, ¿a qué has tenido que renunciar últimamente para poder proteger lo que de verdad te importa?
Con amor y tinta
Ada White

