El refugio de las letras.
CARTA N.º 7: EL SILENCIO Y EL PAPEL
Asunto: Cuando las palabras se declaran en huelga
Querida lectora,
Hoy me he sentado delante del ordenador y, después de un rato mirando la pantalla, he terminado cerrando la tapa. Mis personajes parecen haberse declarado en huelga. El cursor parpadea en la pantalla blanca y tengo la sensación de que se está burlando de mí.
La tentación inmediata cuando me pasa esto es apretar los dientes y forzar la máquina. Pero escribir a la fuerza es como intentar tener una conversación con alguien que no quiere hablar contigo: el aire se vuelve pesado y cada palabra suena falsa. Por eso hoy he decidido cambiar la estrategia. He apagado la pantalla, he cogido una libreta y un lápiz y me he puesto a escribir a mano.
Aunque he terminado garabateando: trazando líneas, curvas, sombreando… nada con sentido ni forma definida. He dejado que la mano fuera sola, sin dirección fija. En esos trazos absurdos siento cómo se van descorriendo los cerrojos que mantenían mi creatividad encerrada. Es como abrir un desagüe: para que vuelva a correr agua limpia, primero hay que dejar salir lo que estaba estancado.
Al deslizar el lápiz sin la presión de corregir o borrar nada, me he dado cuenta de algo sencillo. El bloqueo no siempre es falta de ideas; a veces es pura saturación de luz azul y pantalla. La mente necesita apartarse de las exigencias del texto para reencontrarse con lo auténtico. La tierra necesita descansar entre cosechas para no volverse yerma, y a nosotras nos pasa exactamente lo mismo.
A veces, aprender a parar es el primer paso para volver a escribir. Me encantaría saber cómo lo vives tú cuando te encuentras ante un bloqueo, ya sea de escritura o de lectura. ¿Tienes algún refugio o ritual para reconectar?
Con amor y tinta,
Ada White

